jueves, 2 de febrero de 2017


*Papá en UK abre el blog y mira la fecha del último post. Se da cuenta, con una mezcla de sorpresa y horror, de que hace casi seis meses que no publica una sola entrada. Disimulando, se pone a escribir como si acabase de publicar el post previo ayer mismo.*

Una nueva semana, una nueva polémica. ¡Lo que nos aburriríamos si no fuese por ellas! En esta ocasión le ha tocado el turno a las declaraciones de Samanta Villar para una entrevista que se publicó la semana pasada. Sobre todo con el titular donde dice que tener un hijo es perder calidad de vida. Son un tipo de declaraciones que siempre levantan mucho revuelo, así que era bastante de esperar (tanto que cuesta pensar que no lo haya buscado a propósito) que hubiese polémica.

He leído todo tipo de declaraciones, a favor y en contra. Entre ellas, me han llamado la atención los comentarios hechos desde ciertas posiciones que critican duramente a Villar y a quienes comparten su opinión. Son gente que ha vivido (o que vive) una maternidad mágica, o una maternidad idílica, para quienes todo es perfecto y positivo y maravilloso. Son gente que opina que madres como Villar son malas madres, o han sido madres a la fuerza, o simplemente que no sabe lo que dice. Es una postura con la que no estoy para nada de acuerdo: hay gente que, efectivamente, por su conjunto de circunstancias, tienen la suerte de haber vivido una experiencia absolutamente positiva. O personas para las que ser [p|m]adres era la máxima ilusión de su vida y se han encontrado completamente realizados. Pero es injusto (y equivocado) acusar a todos aquellos que no viven la paternidad como ellos de ser malos padres o de estar equivocados.

Por otra parte, está la postura que defiende Villar en su entrevista, donde también generaliza, pero en sentido contrario. Según ella, todo el mundo pierde calidad de vida y felicidad al tener un hijo, a todos nos engañan con respecto a lo que es ser padres, y considera que lo normal es poco menos que arrepentirse de haberlo hecho. Donde afirma que lo mejor es ser tíos, porque así vives los momentos buenos pero te libras de los malos. También creo que ella se equivoca.

No hay dos personas en este mundo que vivan el ser padres de la misma forma. Ni siquiera ambos progenitores tienen la misma experiencia con un mismo hijo. Todo depende del conjunto de circunstancias que rodean a cada uno, de la cantidad de hijos que se tengan, de cómo se comporten, de la propia personalidad de cada uno de nosotros... De mil y un factores más que invalidan las generalizaciones, ya sean en un sentido o en el en otro.

Lo que sí que es cierto es que la sociedad nos vende muchas veces una imagen muy idílica de la paternidad, donde todo es ideal y maravilloso, y que no te prepara para los momentos más duros y difíciles (que los hay). Como bien dicen Rufus Griscom y Alisa Volkman en su charla de TED hay una serie de temas que parecen tabú a la hora de hablar de la paternidad. Y son precisamente esos temas los que hay que dar a conocer, porque son complicaciones y dificultades que pueden estar ahí y a las que hay que saber enfrentarse. Me gusta especialmente lo que comentan a partir del minuto 11:30 sobre cómo varios estudios han encontrado que la percepción de la propia felicidad en una pareja cae en un profundo valle desde el momento en que se tiene un hijo del que no se sale hasta que tu primogénito empieza la universidad y de cómo consideran que, de haber más información disponible acerca de qué aspecto tienen los momentos complicados de la crianza, de modo que la gente estuviese más preparada para ellos, probablemtente ese valle sería bastante menos profundo.

En mi caso particular, ¿puedo decir que la paternidad me ha quitado calidad de vida? Honestamente: sí, lo ha hecho. Duermo menos, estoy sometido a más estrés y más preocupaciones en mi día a día, hago menos deporte (con el consiguiente aumento de peso), tengo mucho menos tiempo para poder dedicarlo simplemente a mi mujer y a mí mismo (sin que esté la peque de por medio)... En ese aspecto sí, mi calidad de vida ha empeorado. Ahora bien, ¿cambiaría una sola cosa de mi hija y de mi relación con ella o renunciaría aunque solo fuese a una mínima parte de mi tiempo con ella para tener alguna de las cosas que he listado antes? También lo tengo muy claro: NO. Jamás. Ni por un solo momento.

No solo eso, sino que incluso a sabiendas de lo duro que en ocasiones puede llegar a ser el ser padres, hace unos meses decidimos dar el salto e ir a por el segundo (por cierto, casi con toda seguridad va a ser otra niña). Porque no todo es tan bonito como lo pintan algunos, pero es mucho menos horrible que cómo lo pintan otros.

*Satisfecho con el resultado, Papá en UK termina de releer lo que acaba de escribir y hace click en Publicar otra vez después de todo este tiempo, mientras anota mentalmente que, algún día, tiene que explicar por qué ha pasado tanto tiempo desconectado.*