sábado, 20 de agosto de 2016


Nuevamente ha llegado ese fantástico momento de la semana en que tratamos el tema que @PapásBlogueros nos propone cada siete días, #ElTemaDeLaSemana. Esta vez se trata de un tema de lo más interesante, y algo sobre lo que suelen asumirse cosas muchas veces de forma incorrecta.

El tema de esta semana es: El deseo de los hombres por ser padres

Y es que en este mundo en el que los bebés son cosas de mujeres, la idea preconcebida que se tiene es que son ellas las que siempre insisten en querer hijos. Que nos tienen que perseguir, presionar y dar la tabarra constantemente hasta que nosotros cedemos y accedemos a tener descendencia. No sin antes una fase de negociación donde imponemos una serie de condiciones y ventajas a cambio de sacrificar nuestro viril espíritu libre e hipotecar nuestro futuro con un bebé.

Vale, vale, igual he exagerado y dramatizado un poco... Pero lo esencial sí que es una idea demasiado extendida: si tienes (o vas a tener) un hijo es porque ella quería. Nosotros, simplemente, aceptamos.

Pero esa no es la realidad que yo he vivido ni la de (creo) ninguno de los padres que conozco. Nosotros sí queríamos tener hijos. También deseábamos vivir la experiencia de tener un hijo, de verle crecer, tratar de educarle para que sea la mejor persona posible, y disfrutar del proceso junto a nuestras parejas. Queríamos vivir la paternidad y somos felices haciéndolo.

En mi caso, de hecho, fui yo el que desde el principio sabía que deseaba tener hijos. Mi mujer, en cambio, no estaba del todo segura de querer o no. No lo tenía claro, y fue algo que hablamos en diversas ocasiones. Mi postura siempre fue la misma: Yo quería tener hijos, pero solo si era algo que queríamos ambos. Si finalmente ella decidía que no quería ser madre, yo lo respetaría y no los tendríamos. ¿Me hubiese dado pena? Pues sí. Pero creo que ser padres es algo demasiado importante como para que una de las dos partes lo haga en plan "Bueno, venga, vale, pero porque tú quieres". No es como ir a ver una película de acción al cine cuando lo que te apetece es quedarte en casa leyendo. Es algo que te cambia la vida de arriba abajo y no es una decisión que tomar a la ligera.

Al final ella decidió que también quería tenerlos, y aquí estamos. La peque está ahora mismo jugando en la habitación con su yayo mientras yo escribo esto, y mi mujer está sentada a mi lado en el sofá, llevando a nuestro futuro segundo hijo en su interior.

Ser padres es una de las cosas más alucinantes, aterradoras, emocionantes, agotadoras y divertidas que he vivido jamás. Y no cambiaría esa mirada de felicidad que me lanza mi hija cuando llego a casa del trabajo por nada del mundo entero. Es algo que he querido de siempre. Por mucho que parte de la sociedad haya intentado durante años bombardearme con una idea diferente.

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