martes, 16 de agosto de 2016


Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Prácticamente fue ayer cuando publicaba una entrada donde le escribía una carta a la peque acerca de cómo había vivido y sentido sus primeros diez meses de vida. Y ya estamos hoy aquí, celebrando los 18 meses.

Es alucinante ver el ritmo al que crece y cambia la peque. Tanto, que siempre tengo la impresión de estar perdiéndome algo. Es increíble, emocionante y un poco aterrador. Pero no lo cambiaría por nada del mundo. La veo trepando las escaleras cada día mejor, interactuando más y más con su entorno y la gente que la rodea, y no puedo sino maravillarme día a día. Sigue siendo mi bebé, pero a la vez la veo poco a poco convirtiéndose en una niña mayor. Y estoy deseando salir de la oficina a lo Pedro Picapiedra cuanto antes para volver a casa y estar con ella.

Un año y medio que se ha pasado en un suspiro, y que celebramos solo un día después de otro gran evento en nuestras vidas: La primera ecografía del renacuajo, la de las 12 semanas, que tuvimos ayer mismo. La primera vez que podemos ver al que será nuestro segundo hijo y que, si todo va bien, se llevará dos años casi exactos con la peque.

¡Saludad todos al renacuajo!



De momento nos han confirmado que todo marcha bien: la prueba de la translucencia nucal ha salido dentro de los márgenes normales, todo parece estar en su sitio, y nos han asegurado que solo hay un bebé en camino. La única pena es que no nos pudieron decir si va a ser un niño o una niña... Aunque todavía andamos dudando sobre si queremos saberlo antes del nacimiento o no.

El mes que viene tenemos vacaciones y mudanza, así que va a ser una temporada movidita. Pero de momento hoy podemos relajarnos un poco y disfrutar de dos hitos muy importantes en nuestras vidas y las de nuestros hijos.

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