jueves, 17 de diciembre de 2015


Acabas de quedarte dormida al lado de mamá, así que aprovecho el momento para escribirte esta pequeña carta, mi campeona.

Diez meses. Acabas de cumplir diez meses. ¿Cómo ha pasado tanto tiempo, tan rápido? ¿A dónde han ido los días? Ayer mismo estaba sujetándote en brazos en nuestra habitación en la planta de maternidad. Tú con menos de una hora de vida fuera de mamá, y yo con cerca de treinta horas sin pegar ojo. No tenías fuerzas ni para sujetar la cabeza erguida... y yo a esas alturas tampoco, la verdad. Esta mañana, sin embargo, te has despertado, me has visto, y has salido escopetada gateando hacia mí por la cama para incorporarte y abrazarte a mí. Y esta tarde has brincado de alegría al verme entrar por la puerta y has empezado a balbucear ese "pa-pa-pa-pa-pa...." que tan poquito tiempo llevas haciendo. A mí, claro, se me humedecen los ojos. Pero porque hace mucho calor y me sudan, ¿eh? No te vayas tú a creer...

Estos diez meses han dado para mucho. El otro día, viendo vídeos de marzo o abril, costaba pensar que eran del mismo bebé que tenía en esos momentos a mi lado intentando abalanzarse sobre el teclado de mi portátil. Has crecido muchísimo, tienes muchísimo más control de ti misma y has aprendido a hacer un montón de cosas. Da la impresión de que cada día tienes algo nuevo con lo que sorprendernos. Mamá y yo, por nuestra parte, también nos hemos visto frente a todo tipo de nuevas experiencias y nos hemos abierto a muchas ideas que, antes de que tú existieses, ni siquiera se nos habían pasado por la cabeza.

Pero ahora me tienes en una disyuntiva total.

Estoy deseando que sigas creciendo. Quiero verte andar, correr, hablar, cuestionarlo todo y descubrir el mundo de nuevo, esta vez a través de tus ojos. Quiero saber en qué tipo de persona te convertirás, y qué será de ti en el futuro. Quiero ver La Princesa Prometida, las de Indiana Jones y Star Wars contigo, quiero verte verlas por primera vez. Quiero salir de excursión al monte contigo, perdernos paseando por otras ciudades (¡y otros países!) y jugar contigo en el parque de al lado de casa. Aunque sea al fútbol, a pesar de que no me guste nada de nada. Quiero sentarme contigo en el sofá en las lluviosas tardes británicas y que leamos libros y cuentos de todo tipo acurrucados bajo una mantita y con un tazón de leche humeante con galletas. Quiero eso y mucho más.

Pero también quiero que el tiempo se detenga. Eres adorable, cariñosa, inocente, dulce, simpática, despreocupada y alegre. Eres un bebé de anuncio. Qué leches, eres infinitamente mejor que un bebé de anuncio. Y no quiero que cambies más, quiero que te quedes tal y como eres hoy, con esos ojos azules brillantes y limpios, con esa lenguecita de trapo que apenas es capaz de articular palabras. Con esas piernas rechonchas capaces ya de sujetarte en pie pero poco más. Con esa adoración por mamá, por mí y por Eme (ya sabes, nuestra perra, la que duerme cada noche a los pies de la cama). Quiero que sigas siendo la bebé perfecta que eres hoy en día. Y poder pasar todas las horas del día contigo. Jugando con las piezas a construir edificios de bloques de madera y a derrumbarlos después. Tocando ese piano de cuatro teclas que te regaló el tío Alfredo. O sintiendo cómo te duermes en mis brazos cuando tienes tanto sueño que te pones gruñona.

Y sí, sé que es una tontería querer que el tiempo se pare, porque es imposible. Por eso, en vez de ello, me dedico a aprovechar lo máximo posible el tiempo que paso a tu lado. Y disfruto de la suerte que he tenido de tener una hija tan maravillosa como tú. No me queda más remedio que seguir viendo las hojas del calendario pasar a ritmo vertiginoso, pero eso no me impide atesorar todos esos momentos contigo y recordarlos como los regalos de incalculable valor que son.

Campeona mía, muchísimas gracias por estos diez primeros meses de tu vida. No puedo esperar a descubrir qué nos deparan los diez siguientes.

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