jueves, 31 de diciembre de 2015


Escoger una sillita para el coche no es sencillo. Hay docenas de modelos y múltiples modos de anclaje posiciones: A favor o en contra de la marcha, reversibles o no, sujetas con cinturones o con isofix, con escudo o sin él, de 0 a 18 kg, de 9 a 32 kg... Por eso, cuando consultas a un (supuesto) experto en la materia, lo que esperas es que te oriente teniendo en cuenta tus necesidades específicas. De ahí que nuestra experiencia tratando de comprar una nueva silla para la peque haya sido frustrante y esté un tanto cabreado. Sirva este post como advertencia para otros padres primerizos que anden en busca de una buena silla.

Nosotros tendremos que jubilar la sillita de grupo 0 en breve y pasar a una más grande. Después de una investigación exhaustiva* redujimos la lista de candidatas a tres: Britax MaxWay, Britax HiTech o Axkid Minikid. Todas son sillas a contramarcha, ya que varios estudios han demostrado que son las más seguras. Como en Inglaterra no tenemos coche propio y venimos a visitar a los abuelos regularmente, las tres se sujetan con los propios cinturones del coche. Y como nuestra peque está hecha una vikinga (con diez meses y medio ya ha llegado a los 10 kilos), el rango de pesos de las tres nos maximiza el tiempo de vida útil.

Aprovechando el viaje a Madrid por las fiestas de Navidad decidimos pasarnos por Todonene'S, en Villaviciosa de Odón, tienda pionera en Madrid en comercializar sillas a contramarcha. Habíamos estado hablando con ellos por Facebook y nos habían confirmado que tenían stock de nuestras tres candidatas. Queríamos ir, probar los tres modelos con la peque, que nos asesorasen y, con las mismas, llevarnos una de las tres ya puesta en el coche de mis padres.

Al llegar nos dijeron que la chica experta en sillas a contramarcha estaba ocupada y que esperásemos. A los cinco minutos apareció otra vendedora que nos dijo que podía ayudarnos, así que nos fuimos con ella y le empezamos a explicar lo que buscábamos. Sin dejarnos terminar, empezó a decirnos que las sillitas que le decíamos no eran una buena idea, que eran muy complicadas de instalar, que "los expertos" de la tienda que "hacían las demostraciones" tardaban entre 20 y 30 minutos en instalarlas, y que si eso era lo que tardaban los expertos, a nosotros nos iba a llevar casi una hora. Y que no, que mejor nos olvidásemos de esas sillas.

En vez de eso, se empeñó en que nos llevásemos una Klippan, ya fuese la Kiss2 o la TrioFix, sillitas entre 100 y 200 euros más caras que nuestras opciones. Son sillas de 0 a 18 kg que se colocan sujetando una base al asiento del coche y luego encajando la sillita ahí. Que esas eran fáciles de instalar y fabulosas, y que las que nosotros decíamos eran muy muy difíciles de instalar, y no compensaban. También quería, ya puestos, que comprásemos también un par de bases extra (a 120 euros cada una) para dejar en los coches de mis padres y mis suegros. Nuestras tres opciones no llegó ni a sacarlas de las estanterías donde las tenía.

Podéis imaginaros nuestra cara. Media hora pasó insistiendo en que nos gastásemos 400 euros más de lo que teníamos presupuestado en una silla para las que nuestra peque ya ha pasado de más de la mitad del rango de peso. Media hora que remató con un "Ah, bueno, eso sí... Ahora mismo no hay nada de stock de la Kiss2 o la TrioFix, y no lo va a haber hasta marzo. Pero podéis dejarla pagada ahora y ya os venís a recogerla cuando la traigamos". En ese momento le dimos las gracias, le dijimos que nos lo pensaríamos, y nos marchamos para no volver.

¿Qué hemos descubierto al leer las instrucciones del fabricante y ver un par de vídeos de YouTube? Que las sillas que nosotros queríamos comprar, esas "tan complicadas" de montar, no requieren más que media docena de pasos de instalación que no se tarda más de cinco minutos seguir. Y que probablemente la vendedora que nos atendió no tenía ni puñetera idea de cómo se montaban esas sillas. Pero que, en vez de decirnos que esperásemos a su compañera, trató de vendernos las únicas que conocía sin tener en cuenta nuestras necesidades ni nuestras circunstancias.

No pienso volver jamás a Todonene'S. Y mi consejo es que lo evitéis vosotros también. Si no, corréis el riesgo de volver a casa con 600 euros menos en el bolsillo, mano sobre mano, y teniendo que esperar dos o tres meses por un producto que no será lo que mejor se adapta a vuestra necesidad, sino únicamente a los limitados conocimientos de la vendedora de turno.

* Hecha principalmente por mi mujer, al César lo que es del César.

jueves, 17 de diciembre de 2015


Acabas de quedarte dormida al lado de mamá, así que aprovecho el momento para escribirte esta pequeña carta, mi campeona.

Diez meses. Acabas de cumplir diez meses. ¿Cómo ha pasado tanto tiempo, tan rápido? ¿A dónde han ido los días? Ayer mismo estaba sujetándote en brazos en nuestra habitación en la planta de maternidad. Tú con menos de una hora de vida fuera de mamá, y yo con cerca de treinta horas sin pegar ojo. No tenías fuerzas ni para sujetar la cabeza erguida... y yo a esas alturas tampoco, la verdad. Esta mañana, sin embargo, te has despertado, me has visto, y has salido escopetada gateando hacia mí por la cama para incorporarte y abrazarte a mí. Y esta tarde has brincado de alegría al verme entrar por la puerta y has empezado a balbucear ese "pa-pa-pa-pa-pa...." que tan poquito tiempo llevas haciendo. A mí, claro, se me humedecen los ojos. Pero porque hace mucho calor y me sudan, ¿eh? No te vayas tú a creer...

Estos diez meses han dado para mucho. El otro día, viendo vídeos de marzo o abril, costaba pensar que eran del mismo bebé que tenía en esos momentos a mi lado intentando abalanzarse sobre el teclado de mi portátil. Has crecido muchísimo, tienes muchísimo más control de ti misma y has aprendido a hacer un montón de cosas. Da la impresión de que cada día tienes algo nuevo con lo que sorprendernos. Mamá y yo, por nuestra parte, también nos hemos visto frente a todo tipo de nuevas experiencias y nos hemos abierto a muchas ideas que, antes de que tú existieses, ni siquiera se nos habían pasado por la cabeza.

Pero ahora me tienes en una disyuntiva total.

Estoy deseando que sigas creciendo. Quiero verte andar, correr, hablar, cuestionarlo todo y descubrir el mundo de nuevo, esta vez a través de tus ojos. Quiero saber en qué tipo de persona te convertirás, y qué será de ti en el futuro. Quiero ver La Princesa Prometida, las de Indiana Jones y Star Wars contigo, quiero verte verlas por primera vez. Quiero salir de excursión al monte contigo, perdernos paseando por otras ciudades (¡y otros países!) y jugar contigo en el parque de al lado de casa. Aunque sea al fútbol, a pesar de que no me guste nada de nada. Quiero sentarme contigo en el sofá en las lluviosas tardes británicas y que leamos libros y cuentos de todo tipo acurrucados bajo una mantita y con un tazón de leche humeante con galletas. Quiero eso y mucho más.

Pero también quiero que el tiempo se detenga. Eres adorable, cariñosa, inocente, dulce, simpática, despreocupada y alegre. Eres un bebé de anuncio. Qué leches, eres infinitamente mejor que un bebé de anuncio. Y no quiero que cambies más, quiero que te quedes tal y como eres hoy, con esos ojos azules brillantes y limpios, con esa lenguecita de trapo que apenas es capaz de articular palabras. Con esas piernas rechonchas capaces ya de sujetarte en pie pero poco más. Con esa adoración por mamá, por mí y por Eme (ya sabes, nuestra perra, la que duerme cada noche a los pies de la cama). Quiero que sigas siendo la bebé perfecta que eres hoy en día. Y poder pasar todas las horas del día contigo. Jugando con las piezas a construir edificios de bloques de madera y a derrumbarlos después. Tocando ese piano de cuatro teclas que te regaló el tío Alfredo. O sintiendo cómo te duermes en mis brazos cuando tienes tanto sueño que te pones gruñona.

Y sí, sé que es una tontería querer que el tiempo se pare, porque es imposible. Por eso, en vez de ello, me dedico a aprovechar lo máximo posible el tiempo que paso a tu lado. Y disfruto de la suerte que he tenido de tener una hija tan maravillosa como tú. No me queda más remedio que seguir viendo las hojas del calendario pasar a ritmo vertiginoso, pero eso no me impide atesorar todos esos momentos contigo y recordarlos como los regalos de incalculable valor que son.

Campeona mía, muchísimas gracias por estos diez primeros meses de tu vida. No puedo esperar a descubrir qué nos deparan los diez siguientes.